Conforme bajan las temperaturas y aumentan las infecciones por coronavirus en toda Europa, algunos países están introduciendo restricciones cada vez más dirigidas contra las personas no vacunadas que impulsan otra ola de contagios y ponen en riesgo la recuperación económica, la salud pública y un posible regreso a las libertades que existían antes de la pandemia.

El lunes, Austria estableció un nuevo baremo de restricciones en Occidente. Debido a un aumento de casos del 134 por ciento durante las últimas dos semanas, el gobierno austriaco tomó medidas enérgicas limitando los traslados al trabajo, la escuela, las tiendas de comestibles y los centros de atención médica para los habitantes mayores de 12 años que no están vacunados.

“Nuestra tarea como gobierno federal es proteger al pueblo austriaco”, dijo el canciller Alexander Schallenberg durante una conferencia de prensa el domingo. “Estamos cumpliendo con esta responsabilidad”.

La medida de Austria es consistente con el patrón de los gobiernos de toda Europa que han aprobado mandatos para dificultarles la vida a las personas no vacunadas, con el objetivo de lograr que se vacunen. Estas medidas juntas son una señal clara y desalentadora de que un virus que, fugazmente parecía haber quedado en la historia de Europa, sigue siendo una parte importante de su presente y su futuro.

Hace poco, la Organización Mundial de la Salud advirtió que Europa era una vez más el epicentro de la pandemia y que, en los próximos meses, podrían morir de covid medio millón de personas en ese continente. Europa reportó un incremento de muertes del diez por ciento y del siete por ciento en nuevos contagios durante la primera semana de noviembre, en comparación con la semana anterior.

Las hospitalizaciones y las muertes se han registrado sobre todo en Europa oriental, pero la nueva ola amenazó la recuperación económica y las vacaciones de Navidad en todo el continente. El regreso a la normalidad como resultado del éxito de las campañas de vacunación corría cada vez más riesgo a causa de las personas no vacunadas, quienes le han dado al virus la oportunidad de desarrollarse.

Por eso los gobiernos de toda Europa tomaron la decisión adicional de señalar de manera explícita a las personas no vacunadas. Las nuevas reglas en Austria significan “una reducción masiva de contactos entre las personas vacunadas y las no vacunadas”, le dijo a la BBC Eva Schernhammer, profesora de la Universidad Médica de Viena.

De manera parecida, en Alemania, país asolado por el rebrote del virus, el gobierno entrante ha dicho que impondrá medidas más estrictas para las personas no vacunadas, entre las que está exigirles que muestren una prueba negativa de coronavirus antes de viajar en trenes o autobuses. En Francia, las dosis de refuerzo serán un requisito para las personas de 65 años y mayores que deseen conservar su pase de salud. Y en Italia, para poder trabajar se requerirá la vacunación, haberse recuperado del virus en fechas recientes o realizarse pruebas frecuentes que resulten negativas.

Sin embargo, algunos dirigentes europeos consideraron que esta nueva medida de Austria iba demasiado lejos.

Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido, donde ha habido un brote de nuevos casos en las últimas semanas, mantuvo su resistencia a declarar como obligatorio el uso de cubrebocas o los pasaportes de salud.

“Nuestros amigos del continente se han visto obligados a responder con diversos niveles de nuevas medidas, desde confinamientos totales hasta restricciones en los horarios de apertura de los comercios y restricciones a las reuniones sociales, pasando por los confinamientos para las personas no vacunadas”, señaló Johnson el lunes, pero se comprometió con más firmeza con las vacunaciones, diciendo que se ofrecerán refuerzos a las personas de 40 años o más y que habrá segundas dosis para las de 16 y 17 años a quienes, hasta ahora, se les ha autorizado una sola dosis. Mencionó que le preocupaban “las nubes de tormenta que se ciernen sobre el continente”.

Esto es particularmente cierto en Europa del Este, donde las cicatrices que dejaron décadas de desinformación bajo el régimen comunista parecen haberse abierto para difundir el escepticismo en torno al conocimiento médico. Rumania, que tiene la segunda tasa de vacunación más baja de Europa, reportó recientemente la tasa per cápita de mortalidad por COVID-19 más alta del mundo. Los hospitales en Bulgaria están inundados.

Los contagios se han desbordado por las fronteras europeas.

En Alemania, donde ha habido un aumento vertiginoso de casos, debido en parte a la lenta distribución de vacunas de refuerzo, las autoridades habían albergado la esperanza de que la gente se vacunara si tenían que pagar las pruebas, pero, una vez más, tratarán de mantener mejor controlado al virus ofreciendo de manera gratuita las pruebas de coronavirus a todas las personas adultas del país. El gobierno sugirió que esas pruebas podrían ser requeridas al momento de acceder a eventos y a ciertos lugares, incluso a personas que ya recibieron la vacuna.

Durante el fin de semana, a medida que el índice de contagios alcanzaba nuevos máximos, los tres partidos que se unieron para formar la coalición del próximo gobierno de Alemania aceptaron imponer reglas más estrictas para las personas no vacunadas, las cuales incluyen exigirles que presenten una prueba negativa de coronavirus antes de viajar en trenes o autobuses.