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Será la tercera columna relacionada con las externalidades negativas que los países del tercer mundo tenemos que sufrir ante comportamientos (emisiones de CO2 y adicción de las drogas, las anteriores) del primer mundo. Esta vez no será diferente, y el tema son las redes sociales. 

El escándalo reciente destapado por una investigación del Wall Street Journal sobre las mentiras de Facebook en materia que todos sus usuarios recibían la misma política, llama a la reflexión. El gigante de redes sociales tiene lo que llaman “White lists”, aquellas celebridades de cine y políticos que tienen carta libre a publicar aún por encima de las reglas que la misma plataforma si aplica al resto de personas. Aducen que la gran cantidad de personas seguidoras como excusa, pero hemos visto como silencian a personas por violaciones de sus políticas que tienen una gran cantidad de seguidores también. Es decir, hay discrecionalidad en sus algoritmos

Sin entrar en el debate de la censura y libertad de emisión del pensamiento, las plataformas son privadas y tienen derecho de poner las reglas que quieran; pero por transparencia deben de enumerarlas, explicitarlas y aplicaras a TODOS. Debo confesar que desde hace casi dos años me salí de Facebook porque no me gustaba la forma que sus algoritmos deciden por mí, así como la censura de personas adversos a cierta corriente. Hoy, no sé si aquella frase que dicen que las redes sociales son espacios de libertad se aplica.

Pero las externalidades que me quiero referir también fueron descubiertas en la investigación del WSJ, en particular, la plataforma Instagram y sus publicaciones ha generado cierto daño en los jóvenes en materia mental. Lo que se publica está dañando la ansiedad, provocando desordenes alimenticios como bulimia entre niñas y comportamientos inducidos a jóvenes por las publicaciones, que, si bien no son responsabilidad de la plataforma, si se transmite por allí. De hecho, la compañía Facebook lo sabia según la investigación, ya que documentos internos reconocen que: “Instagram es tóxico para las adolescentes, a través de un daño mental significativo”. Cerca de un 40% de los usuarios de Instagram tienen menos de 22 años. Por supuesto, que adolescentes guatemaltecas también son usuarias de la plataforma siendo afectadas por este fenómeno plenamente identificado por la misma plataforma.

Pero la lista de externalidades de este gigante que se hace billonario cada día no termina alli. Estudios confirman que las redes sociales golpean la productividad de la mano de obra en todo el mundo, la adicción a las redes sociales es ubicua. El tiempo en pantalla que pasan los jóvenes también tiene un golpe fuerte en la obesidad infantil alejándolos de actividades físicas. Lejos quedan aquellos días donde las juventudes pasábamos horas jugando cualquier deporte en las tardes después del colegio.

Estos impactos negativos también los estamos sufriendo los guatemaltecos, son externalidades negativas. Particularmente, veo movimientos locales atacando ciertos alimentos por que causan obesidad, pero no dicen nada sobre este tema de redes sociales. Pero sus recomendaciones pueden servirnos para analizar levantar impuestos a dichas plataformas como se está tratando de implantar en Costa Rica.

No tengo idea de cuanta pauta pagamos los guatemaltecos a los gigantes de redes sociales y otros servicios como Air Bnb, servicios de streaming al año, pero me imagino que son cientos de millones de quetzales que deberían ser sujetos de pagos de impuestos. Si bien es un servicio externo, el pagador es local y seguramente haya que cambiar leyes para poder hacerlo. Ese dinero recaudado debiera ser destinado precisamente a combatir los efectos adversos de esas externalidades como dicen los libros de texto económicos.

Y hablando de streaming, el documental de Netflix llamado El Dilema Social (The Social Dillema), describe y documenta de mejor manera que ésta columna lo que está detrás del manipuleo mental y psicológico de las redes sociales, entre otros temas igual de relevantes. Los que tenemos hijos en ésta nueva y supuesta mejor era, debemos de entender los efectos secundarios de consumir redes sociales. Hagámoslo.

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