Hablar de los efectos de una correcta reputación institucional, para sus distintos stakeholders, tal vez ya no sea nuevo en el mundo empresarial; pero contar con índices positivos en la imagen a nivel de País sin duda es algo que marca la diferencia y que puede potencializar el desarrollo, la productividad y armonía de sus habitantes.

Generalmente la marca país es una estrategia que se implementa para capitalizar la reputación de un estado en mercados internacionales. A menudo, se puede confundir con estrategias de promoción turística o de inversión, ejecutados por distintos gremios o liderados por el gobierno de turno en las cuales sus resultados pueden fluctuar entre el mediano y largo plazo. El camino más corto, pero difícil de conseguir es a través de cambios estructurales que puedan generarse en ciertas naciones.

Guatemala está experimentó los efectos del mal manejo reputacional, sin ni siquiera haber planificado una estrategia. El mal manejo de la pandemia, la crisis institucional de los diferentes organismos de justicia ha generado cierto nivel de falta de credibilidad en el mercado internacional, lo que se transforma en falta de confianza para atraer ciertas inversiones.

De acuerdo con los estudios del Reputation Institute, una sólida marca país o, lo que es lo mismo, una buena reputación tiene el poder de simplificar todas y cada una de las decisiones que se toman sobre ese estado. Sin embargo, la marca país no es tan simple de construir. 

Cuando hablamos de reputación en marca país, es importante señalar que los resultados no solo se traducen en inversiones; sus efectos pueden abrir camino a tratados internacionales, apoyo en la seguridad interna y lucha contra el narcotráfico internacional, intercambios de conocimiento en educación y tecnología; y facilidades en términos de movilidad humana.

Para el país todo esto sería de gran ayuda, pero todo cambio empieza por la planificación y la organización y eso, no será inmediato. Se carece de un plan de gobierno enfocado en la construcción de una reputación y mucho del éxito de un proyecto de este nivel debe su alcance a nivel diplomático, también en todo ellos influye la gobernanza. La finalidad de una marca país es alcanzar y mantener el posicionamiento, por lo tanto, es susceptible a los cambios o manifestaciones que se experimenten; es decir; evoluciona si se encuentra controlada.

Guatemala ha experimentado en cuestión de décadas los estragos que conlleva una mala reputación. El perfil actual del país transmite una imagen que genera incertidumbre en mercados internacionales frenando el desarrollo de las comunidades.

La clave del éxito de una marca país es que se perciba diferencias entre las marcas de la competencia. Con tantos países, la estrategia de comunicación puede variar, sin embargo, en el caos de Guatemala, el mensaje debe posicionar en mercados internacionales la transformación económica, política y social que se desea experimentar.

Existe una relación directa entre reputación y creación de valor económico tangible: el 10% de incremento en reputación implica en media el 11% de incremento en llegadas de turistas y un 2% de aumento en inversión extranjera directa. Estamos hablando pues de crecimiento y creación de empleo.

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