Información extraída de, CABI 

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El European Drug Report 2020 presentado hace un par de meses por la Agencia Europea de Monitoreo de Drogas y Adicciones es contundente. La pandemia vino a disparar el consumo de marihuana, cocaína, anfetaminas, sintéticas, heroína, opio, y cualquier otro tipo de drogas en la Unión. Los índices de tendencia se treparon fuertemente según las gráficas del informe por allá por 2015 hasta la fecha. Las hospitalizaciones y muertes por sobredosis se disparan de acorde a dicha tendencia. El panorama en EE. UU. es similar, con algunos matices de tipo de droga, los opioides, por ejemplo, pero la conclusión es la misma: la adicción a la droga se ha disparado en el último lustro, y la pandemia vino a empeorar la situación. 

El mercado de drogas ilegales también está sujeto a las leyes de oferta y demanda, y a los análisis que se derivan de allí. Con una demanda rampante, los precios y las rentabilidades del negocio suben y por lo tanto señala a los productores que seguir produciendo es rentable y genera entonces un nuevo ciclo de inversión en producción. Es precisamente lo que ha pasado en estos últimos años. Según el informe de UNODC (Oficina de Naciones Unidas contra el Delito y Drogas) para Colombia presentado en julio pasado, si bien el hectareaje de plantación de cocaína bajó,  la producción de clorhidrato de cocaína aumentó en ocho por ciento hasta casi 1,250 toneladas. Es decir, un aumento de productividad. Ese ocho por ciento compensa el aumento de demanda reportado tanto en EE. UU. como en Europa. Algo así pasa con la producción de opio y heroína en Afganistán, país que representa el 84 por ciento del mercado de heroína y la extensión de sus plantaciones es aún mayor que la de Colombia en cocaína, y creciendo. 

Si el comercio ilegal de drogas es la parte real, tiene una contraparte financiera en el lavado de dinero. Nuevamente, estimaciones de la UNODC, calcula que al año el lavado de dinero representa entre cuatro y cinco por ciento del PIB mundial. El PIB Mundial, según el Banco Mundial, fue de US$87.7 trillones en 2019. Eso situaría la cifra de dinero lavado por actividades criminales en torno a los US$3.5 a US$3.8 trillones anuales. Más o menos tres veces el PIB de México, o 50 veces el PIB de Guatemala. 

En ese sentido el tema del dinero ilícito se parece en tres aspectos con el cambio climático, tema de la anterior columna. Primero, es el primer mundo y sus hábitos que causan una demanda desproporcionada de las drogas debido a sus adicciones. Algo similar a sus hábitos de emisiones de carbono desproporcionados. Las cuales generan importantes externalidades negativas en diversos países como segundo elemento. Al igual que en el cambio climático, Guatemala es una víctima del mal comportamiento del primer mundo por su consumo de drogas; los ciudadanos respetables y honrados de Guatemala somos víctimas de dicho comportamiento.

¿Cómo? Primero que nada, la violencia en los países paso de la droga es mayor. La lucha por carteles por controlar ruta genera violencia homicida. También el dinero de la droga ilícita corrompe todo tipo de funcionarios e instituciones incluyendo su uso como financiamiento político de potenciales candidatos sea el puesto que sea. Una suerte de “inversión” estilo capital semilla al apostar por múltiples contendientes, es la apuesta más segura. No solo las corrompe también se produce una selección adversa, es decir, los buenos prospectos prefieren no participar y por lo tanto los que van llegando a las instituciones son los peores perfiles, dañando las funciones básicas de cada institución por incapacidad, falta de compromiso y ausencia de planes de mediano plazo de prioridad para la población. 

El tercer elemento y final que une ambos temas es que no se puede combatir el narcotráfico solo en un país. Haciendo todo lo que podamos en Guatemala, no vamos a incidir en el cambio climático, tampoco en el comercio ilícito de drogas. Se requiere una agenda global, donde se busque la solución de raíz de los problemas en especial el consumo del primer mundo. Sus adicciones a las drogas están causando estragos en nuestros países. Se tiene que atender y atacar coordinada y globalmente. Así como hay acuerdos e instancias globales para el Cambio Climático, debe de haber símiles para el tema de droga. Pero no se ven por ningún lado. Uno empieza a pensar si les interesa a los políticos de turno y líderes mundiales solucionar el tema. Mientras tanto países como Guatemala seguiremos a la deriva sufriendo las externalidades del consumo y la adicción de países ricos por las drogas. 

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