Un grupo de perros de consuelo ayudan a los familiares a combatir la frustración de no saber qué pasó con sus padres, abuelos, hermanos o hijos.

Familiares y amigos de los 150 desaparecidos en el derrumbe de un edificio en Surfside, en Miami-Dade, lidian con la desesperación y la angustia estrechando los lazos entre ellos y relatando historias de los suyos, pero también cuentan con psicoterapeutas y “perros de consuelo“.

Seis días después del súbito colapso de parte del edificio Champlain Towers South, que hasta el momento ha dejado 12 muertos, los seres queridos de los desaparecidos esperan en dos hoteles de la avenida Collins, cerca del lugar del siniestro, unas noticias que llegan a cuentagotas o no llegan.

“Tienen la esperanza de poder encontrar con vida a su familiar, o al menos el cuerpo del familiar”, dijo Linda Pérez, presidenta y fundadora de la organización Boricuas del Corazón INC., con sede en Tampa, en la costa oeste de Florida.

Desde el sábado miembros de esta organización y ocho perros entrenados han estado codo a codo con los familiares y allegados que se reúnen en el lobby o en la cafetería del Gran Beach Hotel, unas calles más al norte del edificio siniestrado.

En un paralelismo con la ayuda que los canes adiestrados prestan a los socorristas para hallar a personas entre los restos del edificio caído, estos perros de consuelo ayudan a los familiares a combatir la frustración de no saber qué pasó con sus padres, abuelos, hermanos o hijos.

Perros para ayudar a canalizar el dolor

El que espera, desespera, dice un refrán popular y ya son seis días esperando y después del jueves 24 de junio, el día en que se produjo el colapso, ni una sola persona hallada con vida en la montaña de escombros que se erige donde estuvo el ala del edificio Champlain Towers South que se desplomó.

“Caminan con el animal, le hablan, van canalizando sus sentimientos sobre esta situación”, explica Pérez sobre el papel que en esas circunstancias cumplen los canes, quienes, dijo, brindan la empatía, el cariño que “a lo mejor un adulto no lo sabe expresar”.

“Los perros ayudan a expresarse, es como una terapia”, agregó.

Los perros de su organización han tratado en estos días a personas de diferentes edades, desde 13 hasta 83 años, muchas de ellas hispanas.

“¿Qué le podemos decir a una persona que se siente así? Solo dejarles saber que estamos ahí para apoyar”, explicó la integrante de Boricuas de Corazón.

Emma y Shadow, representantes en Florida del grupo National Crisis Response Canines, se han sumado a estas labores de apoyo en la conmocionada Surfside, donde el lunes por la noche se celebró en una playa local una vigilia para honrar a las víctimas y desaparecidos del siniestro.

Murales en memoria de muertos y desaparecidos

Las muestras de apoyo se multiplican en comercios locales de esta pequeña localidad costera, con una gran comunidad judía, donde se han habilitado mesas y espacios para que la gente deje sus donaciones para los afectados.

Asimismo, los vecinos se acercan a los memoriales levantados en honor a los muertos y desaparecidos por el colapso ocurrido la madrugada del jueves pasado, cuando 55 apartamentos de los 136 que tenía el edificio de 40 años de antigüedad Champlain Towers South se vinieron abajo por causas aún no determinadas pero sujetas ya a investigación.

Cerca del derrumbado edificio, de donde cuelgan todavía mantas y restos del mobiliario en las partes que aún se mantienen en pie, Macarena Datorre, de 13 años, guarda unos minutos de silencio frente a un mural en el que hay una foto de quien fue su profesor de baloncesto, Manuel LaFont, una de las víctimas mortales identificadas por las autoridades.

Datorre siente tristeza por la muerte de “Manny“, como conocía a LaFont, un hombre separado de 54 años y natural de Houston (Texas), y por su hija.

Según dijo, la hija, a la cual conoce, justo el día del siniestro tenía planeado pasar la noche con su padre, pero a última hora no fue al edificio, según relató.

“Es triste ver a todas las personas y familias desaparecidas, y rezo porque puedan encontrar a más gente”, dijo la menor, tras dejar dos velas, “una de paz y otra de amor”, y rezar delante del mural con fotos y mensajes en memoria de las once víctimas mortales.

Los edificios no se caen

“Son edificios, no esperas que se caigan y colapsen”, agregó Datorre, hija de madre peruana, para luego revelar que su hermano conoce a una pareja de adultos mayores dados por desaparecidos entre los escombros del edificio de 12 plantas.

El desconcierto es palpable también entre los templos y grupos religiosos que tienen su sede en Surfside, como ocurre en Casa Church, una pequeña organización cristiana cuyos integrantes han estado ayudando con agua y víveres, así como con apoyo emocional desde el primer día.

“Están devastados, desesperados”, señaló la argentina Lilian Gramundo, integrante de esta organización que durante los primeros días apoyó a los familiares mientras estuvieron en el centro comunitario de Surfside y antes de que fueran trasladados a hoteles cercanos.

Como explicó a su lado Olga Pérez De Martino, su ayuda se dirige ahora a las cuadrillas de más de 200 rescatistas que en turnos de 12 horas, y rompiéndose la espalda, como ha dicho el gobernador de Florida, Ron DeSantis, remueven los escombros de la estructura derruida en busca de sobrevivientes.

Los familiares de algunos desaparecidos, en medio de la desesperación, se han quejado de la falta de resultados, no obstante las autoridades locales han destacado el trabajo sin descanso de los socorristas, los cuales también cuentan con ayuda para sobrellevar la enorme carga emocional que supone su arriesgada tarea.

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