Al menos unos cuatro millones de trabajadores sanitarios en todo el mundo se contagiaron de COVID-19 durante la actual pandemia, señaló la Organización Mundial de la Salud (OMS), tras indicar que un 90 por ciento de los países siguen sufriendo perturbaciones en sus servicios de salud.

El director del departamento de Mano de Obra Sanitaria de la OMS, Jim Campbell, dio esta cifra en rueda de prensa tras presentar los resultados de la segunda encuesta realizada por el organismo para medir cómo ha afectado la pandemia a los servicios de salud de todo el mundo, con datos de 135 países y territorios.

El sondeo muestra que el porcentaje de países afectados en sus servicios de salud se mantiene con respecto a la anterior encuesta realizada por la OMS, en el verano de 2020, aunque ha descendido el nivel de perturbación: si antes la mitad de los servicios estaban afectados, el porcentaje se ha reducido ahora a la tercera parte.

Entre los servicios más afectados se encuentran los de tratamiento de enfermedades mentales y neurológicas, tuberculosis, VIH/sida, hepatitis, cáncer, hipertensión, diabetes, o planificación familiar, señalaron los expertos al presentar el informe.

Las perturbaciones en los servicios “afectan especialmente a los países de ingresos medios y bajos, y entre las regiones que han reportado mayores alteraciones están África y América“, señaló el responsable de Coordinación de Sistemas Sanitarios de la OMS, Patrick Zuber.

Un tercio de los países sondeados también reportó la persistencia de problemas de suministro de determinados artículos esenciales tales como medicinas, tests de diagnóstico o equipos de protección.

Más de la mitad de las redes sanitarias señalaron que las perturbaciones en sus servicios se debieron en gran medida a que muchos pacientes dejaron de acudir a consulta por miedo a contagiarse de COVID-19.

El mayor impacto de la pandemia en los servicios sanitarios, de hecho, se dio en atención primaria, aunque la encuesta también muestra problemas en las redes de cuidado de pacientes crónicos, rehabilitación o atención a enfermos terminales, entre otras.

Por último, más de un tercio de los países admitieron haberse visto afectados en sus programas de vacunación para distintas enfermedades.

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