Las facciones de poder construyen estrategias de manipulación para controlar la opinión
pública a través de discursos con un conjunto de significados, percepciones, explicaciones,
valores y creencias de ese sector que serán vistos como la norma.


La estrategia de manipulación es un proceso de dirección política e ideológica en el que una
facción logra apropiarse o mantenerse en instancias de poder buscando alianza con
otras facciones, por medio de mensajes que dividan la opinión pública; a esta se le conoce
como estrategia de la distracción.


La estrategia de la distracción es indispensable para mantener la atención del público distraída,
lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Busca
mantener al público dividido, en conflicto permanente, quitando de esta forma la posibilidad
de encontrar acuerdos entre la población, las personas están tan distraídas en debates sin
sentido, en discursos divisionistas, que no tienen ningún tiempo para pensar (o generar
pensamiento crítico), pues lo que se busca es el sentido de pertenecer al grupo que está del
lado “correcto” del discurso.


Para contrarrestar estos discursos de manipulación mediáticas se necesitan elementos para la
construcción de la conciencia política de la población en los diferentes sectores, pasar de los
intereses particulares hacia los intereses generales, como proceso político comunicacional
clave hacia un bloque social alternativo.

La estrategia de la aclaración es una lucha mediática de refutaciones en contra de los
conflictos a la imposición de una forma de ver el mundo, así las agendas globalistas y
dicotomías discursivas confluyen en el ámbito de la opinión pública.

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