La política, con minúscula, rara vez es aburrida en estos nuestros países; siempre hay algún escándalo -hay muchas razones válidas, pero también nos escandalizamos con mucha facilidad- que atrapa la atención de las personas que estamos atentas al tema.  Tristemente, de escándalo en escándalo, se van perdiendo los nortes y se van dejando para luego o nunca los asuntos importantes.  Más allá de la corrupción, la desidia y la ineptitud son los males que aquejan a nuestros estados. 

La semana pasada no fue la excepción, a pesar de que nos encontrábamos en un período tradicionalmente de muy poca atención a los temas políticos: la Semana Santa.  Siempre se ha sabido que, si se quiere perder un tema en el imaginario colectivo, se debe anunciar mientras la atención pública está en temas de ocio; las noticias que “revientan” durante esos tiempos se olvidan casi instantáneamente, sin embargo, creo que es meritorio de comentario el muy público altercado entre la famosa congresista del distrito No. 35 de California, Norma Judith Torres (nacida en Escuintla, Guatemala) y el presidente de El Salvador, el muy mediático Nayib Bukele.  Para quienes no estuvieron al tanto, trataré de resumir el “simpático” intercambio. 

Es bien sabido que, durante el gobierno de Trump, la congresista -como otros y otras tantas congresistas demócratas- criticaron el approach de Trump al tema de la migración ilegal, no siempre sin razón, pero claramente desde una perspectiva de oposición política.  La congresista, además, fue de las más vocales en apoyar a la extinta Cicig y a la narrativa de que es la corrupción la que provoca la migración.  Sin entrar a ese tema que amerita análisis propio, diré que esa es, cuando menos, una chata visión del tema, pero que trae mucha atención mediática y es “el tema” así como durante los setentas y ochentas era la amenaza del comunismo, durante los noventas y desde entonces, el tema es el medio ambiente, y así; siempre hay un tema preponderante y ahora es la lucha en contra de la corrupción.  ¡Eso que ni qué!

En ese contexto, la congresista tuiteó referente a un video donde se puede ver que unos coyotes -hijos de mil putas- lanzan a dos menores desde lo alto del muro fronterizo hacia Estados Unidos; la congresista hizo referencia al hecho ligándolo al denominado “triangulo norte” de Centroamérica sin haberse percatado que las menores provenían de Ecuador y no de Centroamérica.  Ante ello, el presidente Bukele -y muchos otros también-, en modo burlesco, le aclaró el tema.  La congresista, en lugar de rectificar, se dio por ofendida y escaló la acalorada y pública discusión llamando dictador al presidente Bukele; como se dice coloquialmente -algunos consideran que es una expresión racista- la congresista se bajó el canasto y agregó insulto a la injuria -como se dice en inglés- al publicar una foto de un padre y una niña salvadoreños que murieron en el 2019 al intentar llegar a Estados Unidos.  Más allá de llamar dictador al presidente electo democráticamente -y abrumadoramente- de un país aliado, usa una imagen grotesca, demostrando muy poco tino, porque además el hecho ocurrió durante el mandado del presidente Sánchez Cerén, con quien la congresista tenía muy buenas migas. 

No soy fan de Bukele, me parece que juguetea peligrosamente con el autoritarismo y el populismo, pero de eso a llamarle dictador hay mucho trecho; Bukele nunca la insultó, sino solo se mofó del terrible error de Torres, pero ella lo tomó personal y se enojó y, como se sabe, en ese tipo de cosas el que se enoja, pierde. 

Bukele luego pidió a los votantes de Torrres (mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos y de otros países de Latinoamérica) que no votaran por ella en la próxima elección; una propuesta atrevida, pero válida. 

La congresista nunca se disculpó con Bukele, ni con nadie; aún más, anunció que para esta semana ella sacará una lista de las personas que ella considera corruptas en los países del “triángulo norte”, un término que Bukele ya pidió que se deje de usar porque la realidad de cada país es distinta, a lo que el Departamento de Estado respondido favorablemente.  Esa lista sería realmente un chiste, si no fuese una hepática reacción a lo sucedido; en unos meses se publicará la denominada Lista Engel que sí tiene sustento legal y que sí tiene efectos ostensibles para los nombrados, no así la lista de la congresista que no es más que una pataleta. 

La lucha en contra de la corrupción y la impunidad en estos nuestros países (nuestros, no de ellos) es una cosa muy seria como para que una congresista, en pleno furor, lo mediatice y ataque a un posible aliado precisamente en esa lucha, todo por tomar el tema personal y no saber reconocer un evidente error.

Las simpatías hacia uno y otra son cosa muy distinta al tema de fondo, que es, en primer término, el esfuerzo muy necesario para que las condiciones en estos nuestros países mejoren dramáticamente para que nuestros hermanos no tengan que sufrir el viacrucis de la migración irregular -ilegal- que pasa, por supuesto, por evitar y castigar la corrupción, pero que más allá de ello, requiere de un esfuerzo constante, continuo y sostenido de toda la sociedad para ir erradicando las prácticas que llevan a la desesperanza de huir -más que migrar- de la patria.  Pero en segundo término, el respeto que debe haber entre naciones, por más “potencia” que sea Estados Unidos, que por cierto, precisamente en El Salvador, está a punto de perder hegemonía ante estos estúpidos exabruptos por parte de congresistas y, por otro lado, la brillante y muy peligrosa ofensiva diplomática y comercial del gobierno chino. 

Como van las cosas, la historia de la guerra fría se repetirá en estos, insisto, nuestros países, solo que, en lugar de balas, serán los dólares y los yuanes quienes maten. 

Las mamadas se siguen dando y los mameyazos siguen tronando.

*Importante aclaración: el término: mameyazo, es usado coloquialmente en estos nuestros países y significa golpe fuerte.  Si tiene duda lo puede buscar en el Diccionario de la Lengua Española. A la vez: mamada es usado en México (de donde traigo la expresión) como un sinónimo de despropósito.

Aclaro, porque no vaya a venir algún indignad@ -siempre le hay- que crea que uso los términos en forma, machista o sexista.

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