Si usted ha transitado por las carreteras de Guatemala, habrá visto que en algunos tramos de algunas de ellas hay personas que, haciendo una señal con el dedo meñique y el pulgar, piden dinero por haber tapado con piedrín y tierra, los visibles hoyos que hay en ellas; las carreteras de Guatemala no han estado en muy buen estado y ciertamente hay hoyos -cráteres- en algunos tramos y su mantenimiento y bacheo ha sido deficiente.  Es precisamente por esa razón que algunos, no todos, quizás, de esos que reparan artesanalmente los hoyos se aprovechan y de esa cuenta pretenden ganar algún sustento.  Nada malo en ello, pero algunos de estos “bacheadores” son los mismos que, la noche previa, cavan los hoyos que luego rellenan y por los cuales pretenden cobrar.  Amigos que viven en el interior y que transitan frecuentemente por esas rutas dan cuenta de ello.  Es un secreto a voces.

Pensando en el camino -la carretera- para la elección de magistrados de Corte Suprema y de Salas de Apelaciones, se me vino a la mente aquella otra realidad tan chapina y no pude sino hacer un símil entre aquellos accidentados y tortuosos caminos, y éste, accidentado y tortuoso camino de elección de magistrados.  Como aquellos, éste está lleno de hoyos causados por la desidia de las autoridades, pero también, como aquellos, por los hoyos que cavan algunos que luego reparan artesanalmente y por lo cual pretenden pago, o por lo menos reconocimiento.

Así, varias organizaciones de la “sociedad civil” y sus conspicuas cabecillas le abrieron hoyos -cráteres- a la ruta de elección de magistrados y luego los intentaron rellenar a su antojo, comenzando por el amparo provisional que otorgó la CC, solicitado por Eleonora Muralles de FADS argumentando que el congreso convocó “demasiado temprano”.  Luego, cuando convoca nuevamente el congreso, en el camino se encuentra otros hoyos como que el Consejo de la Carrera Judicial no tenía reglamento para evaluar candidatos; que, si eran ellos mismos o que si era la CSJ por ser la autoridad superior del Organismo Judicial, atrasó y dio incertidumbre al proceso.  En todo esto, otra organización de la “sociedad civil” la Fundación Mirna Mack, interpuso acciones para, primero frenar las evaluaciones argumentando la falta de reglamento, pero luego, viendo que se complicaba el asunto, en su argumento de vista ante la CC, dice algo así como que: no importa que no haya reglamento, y que, para viabilizar la elección de magistrados, propone una ruta de evaluación.  Claro, como la CC se ha metido hasta a legislar, nada raro sería que ordenase cómo debiese un órgano independiente hacer o no hacer (por supuesto, meses después, hizo eso exactamente al ordenarle al Organismo Legislativo cómo y casi a quienes debía elegir).

Es muy importante recordar que, en todo ese intríngulis, la intención fue siempre que la legislatura anterior no eligiese, sin importar que el plazo constitucional se venciera. 

Ahora, tocándole inconstitucionalmente a esta legislatura la elección de magistrados, la CC, por virtud de un amparo interpuesto, primero por organizaciones de la sociedad civil, pero luego también por el MP -esta acción si la aplaudieron los críticos, por supuesto- le ordena al congreso elegir “rapidito y sin mal modo”.  Como ahora los diputados se pusieron los moños y han ido retrasando aviesamente la elección, ahora sí les urge a aquellos que abrieron los hoyos en el camino, rellenarlos para que se pueda transitar porque les urge llegar a su destino.  Y no solo eso, sino que pretenden que se les reconozca como salvadoras de la institucionalidad, cuando fueron ellas mismas las que causaron toda esta debacle.  Justo como esos que rompen la carretera para rellenarla con piedrín y tierra, se asemejan esas organizaciones de la “sociedad civil”. 

Hasta el Juez Gálvez, en una entrevista o coloquio que tuiteó la cuenta llamada @Ricigt1 declara que se violó la constitución al prolongar el plazo de los actuales magistrados de la CSJ.  Ahora, esos magistrados resultan muy molestos para los fanáticos de la extinta Cicig, pero no aceptan la paternidad de ese engendro, pues gracias a ellas, a las organizaciones, pues, es que estos magistrados tan molestos siguen sentados en sus magistraturas.

Para no dejar a esas organizaciones culpables de este problema, con la imagen de “abrehoyos” y “tapabaches”, imaginémoslos un poco más sofisticados y pensemos que son alquimistas que pretenden mediante sus transmutaciones de la ley -retorcerla- crear oro desde metales menos nobles.  El tiempo y las evidencias nos han mostrado -a ellas, sobre todo- que, en lugar de obtener oro, han conseguido estiércol. 

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