La descalificación es el deporte nacional.  Si fuese deporte olímpico, seríamos para él, lo que Estados Unidos es para el basquetbol: campeones casi indiscutibles.  Memes.  Insultos.  Idiotas.  Más pura mierda sos vos.  Negro.  Canchito.  Hueco.  Oligarca.  Mariscal Zavala.  Anticomunista.  Comunista. Extrema derecha. Extrema izquierda.  Facho.  Progre.  Contratista del Estado.  Corrupto.  Vividor.  Netcenter. 

Escoja el que más le guste o disguste.  Se puede reír o se puede ofender.  Hay de todo y para todos y al final es pura descalificación.  Pareciera que, en nuestros días, la razón es algo que se valida con likes en Facebook o Twitter.  Lejos quedaron las argumentaciones con contenido de José García Bauer y Jorge Skinner-Klee, por mencionar un par.  Ahora lo que importa es quién tiene más likes o seguidores.

Si el otro no hace o dice exactamente lo que nosotros haríamos o quisiéramos que se hiciese, todo es una desgracia.  No nos ponemos a pensar que el actuar del otro es producto de su entorno. 

Por ejemplo, algunos, en medios o redes sociales, expresamos nuestro pensamiento de acuerdo con la educación que hemos tenido, a ilustración y experiencia que hemos adquirido, pero ahora resulta que nos critican por ser defensores de la libertad individual y confiar en la libertad de empresa; con el simple descalificativo -según ellos- de “derechistas” desechan nuestra postura.  Claro, luego se quejan cuando descalificación similar, pero en sentido contrario es aplicada a ellos. 

Cuando desde el espacio que se puede ocupar por razón de designación o elección en el ámbito público, o desde la dirigencia empresarial, ganada a pulso -a veces luego de varias generaciones- se defiende la libertad individual, pareciese que se estuviese haciendo solamente por la propia y en contra de la de los demás.  Muchos que critican las ideas de la libertad no comprenden que se aboga TAMBIEN por la de ellos.  Falta mucho para que se comprenda que la libertad individual es de todos.   

Entre el malinchismo de muchos y el periodismo al peor estilo de Winchell de algunos medios y periodistas que se dedican -algunas veces extorsivamente- a destrozar personas y reputaciones, esta sociedad no va a ningún lado.

La descalificación personal, lamentablemente, es de dos vías.  Al final, yo me decanto por la defensa de la libertad y de los derechos individuales.  Puede que usted no esté de acuerdo conmigo y está en su derecho, pero es solo gracias a esa libertad que usted y yo podemos debatir y criticar.  ¿Podríamos, por ejemplo, criticar sin consecuencias al régimen en Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Bielorrusia, Rusia o Turquía? No.  Esa libertad que gozamos y de la cual algunos abusan es solo gracias a una República democrática que puede tener grandes defectos, pero es libre.  Si usted prefiere la bota en el cuello de un régimen que reparte equitativamente miseria -salvo al politburó, claro está- busque azules horizontes en aquellos países y luego me cuenta.  Ojo, que la libertad no es atacada solamente desde la izquierda, sino también desde la derecha.   Si usted quiere libertad con responsabilidad, ¡constrúyala! porque sus críticas como las mías, son permitidas.  Si quiere descalificar, también está en su derecho, pero más pronto que tarde se va a quedar sin seguidores y likes; eso en los tiempos de las redes sociales es el olvido y el olvido, dicen, mata más que la muerte.

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