Cuando se supo de la venida a Guatemala del Dr. Edwin Asturias para hacer frente a la pandemia desde una posición en el ejecutivo -que luego se supo sería una comisión presidencial- las reacciones no se hicieron esperar; personas y organizaciones “de izquierda” (uso el término liberalmente) se pronunciaron a favor, y predijeron que las cosas cambiarían en cuanto al manejo de la emergencia sanitaria.  Eso sí, hubo quienes sagazmente dijeron que así sería “si lo dejaban trabajar” como diciendo que su función se vería entorpecida por intereses particulares y/o una suerte de pacto de corruptos.  Por el contrario, hubo quienes desde “la derecha” (de nuevo, el término es usado liberalmente) se pronunciaron en contra, diciendo que el doc Asturias era comanche y que venía a comerse a los niños “fifís” o cosas parecidas.  Unos y otros se basaron en algún conocimiento personal, pero la gran mayoría lo hicieron basados en sus -torpes- comentarios en Twitter acerca de mil y un cosas del acontecer nacional y político.

En cierta forma y basados en sus tuits, ambos bandos tenían razón, sin embargo, ya en el puesto y asesorado por viejos lobos de la comunicación y de la política, el doc Asturias se ha manejado hábilmente.  Ha sorteado citaciones al Congreso y una que otra conferencia de prensa, caso contrario al del presidente, que resulta evidente no apetece y más bien aborrece, enfrentar a los periodistas y sus preguntas.  Más allá del guion que el preparan, cuando en situaciones imprompu, se ha visto brabucón, majadero y hasta abusivo con algunos reporteros.  En cambio, el doc Asturias no ha tenido ese problema.  Digo ese, porque su problema -si así se le puede llamar- es que ha decepcionado a quienes le alababan inicialmente y ha sorprendido favorablemente a muchos de quienes le criticaban.  Por la razón que sea, ha sorprendido.

Sorprender favorablemente es, evidentemente, positivo; algunos antiguos críticos han reconocido públicamente su labor, mientras otros simplemente se han quedado callados.  Un tercer grupo sigue con la narrativa de que el doc Asturias es un bolchevique (sic) que ha venido a abrir la puerta al comunismo internacional y que es el gallo tapado del Movimiento Semilla.  Sin embargo, es precisamente allí donde se le ha visto más criticado por haber traicionado las expectativas.  De Salvador lo bajaron a traidor.  Aunque el doc Asturias ha mantenido vínculos familiares, patrimoniales y amistosos con Guatemala, su distanciamiento probablemente fue suficiente para que olvidase lo tristemente célebres que somos los chapines para bajarle el cuero a quienes nos decepcionan. 

Luego de la cadena del domingo en donde el doc Asturias jugó un papel preponderante, sus antiguos aduladores pasaron a lanzarle sapos y culebras (por no decir insultos y maldiciones) porque no actuó como ellos pretendían.  Principalmente, pero no exclusivamente, miembros del Movimiento Semilla y sus simpatizantes, le bajaron el cuero al pobre doc Asturias que simplemente comunicó las medidas que creía adecuadas en ese momento, producto de un cuidadoso análisis.

La especulación es que, sabiendo que esta “reapertura” acarreará consecuencias a la salud del público (i.e. más contagios y probablemente más muertos) se jugó la gambeta con la esperanza de que al darse lo anterior, en 15 días el presidente no tuviese opción a endurecer de nuevo las medidas y hasta cerrar el país, como algunos otros lo han hecho debido a reaperturas prematuras.  Entonces, volverán las oscuras golondrinas (con el permiso de don Gustavo Adolfo) que ahora lo denostan, a alabar su “decidida acción” en presionar al presidente para que nos encierre y, como contrapartida, los que hoy le alaban, regresarán a verle cara de Stalin o Honecker.  Así somos, tristemente, los chapines.  Nunca estamos contentos con nada si no se hace exactamente lo que nosotros queremos o pretendemos.  El ataque personal siempre toma la línea frontal antes del análisis de las medias tomadas y sus justificaciones.

Así, estos 15 días de dulce “libertad” que graciosamente nos ha dado el gobierno, se convertirán, en amargo desencanto.  Al menos eso es lo que me atrevo a predecir, basado en el conocimiento de los actores políticos y de la tan particular idiosincrasia chapina.

Al doc Asturias se le desea serenidad, claridad de mente y suerte para que pueda trasladar las mejores recomendaciones al mandatario y que éste las siga.  Ahora que hasta la OMS ha reconocido que habrá que convivir con el bicho y que la economía no puede morir, pues eso significaría la muerte de los individuos y de las sociedades, el argumento de encierro total cada vez es menos sostenible.

El doc Asturias resultó más cabrón que bonito, porque más sabe el diablo por viejo que por diablo.

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