“La política es el arte de lo posible” es una frase que ha sido atribuida a distintos personajes a través de la historia, desde Aristóteles hasta Churchill, pasando por Maquiavelo y Bismark; el hecho es que, aunque se han visto muertos acarrear basura, como se dice por estos lares, en la política rara vez se ven sorpresas, mucho menos en sociedades y tiempos modernos.

La perspectiva del resultado de las elecciones en Estados Unidos ha cambiado muchísimo desde inicios de año, cuando el presidente Donald Trump tenía buenos chances de ganar la reelección, sobre todo cuando el panorama demócrata estaba tan fragmentado; desde entonces para acá, la cosa ha cambiado muchísimo.  No solo del lado demócrata el asunto ya se decidió y el candidato será Joe Biden, sino que la pandemia de Covid-19 o “el virus chino” -como le llamó Trump- ha venido a darle vuelta al asunto, debido no a los infectados, ni a los muertos, sino al estado de la economía.  Queda clarísimo que los medios en general, salvo los declarados pro-republicanos, están contra Trump, así como el poderoso establishment del entretenimiento y gran parte de las multinacionales gringas.  Si Trump ganó la presidencia a pesar de haber perdido el voto popular por casi 3 millones de votos, ahora todo pinta a que lo perderá abrumadoramente, salvo que “la mayoría silenciosa” salga a votar por él o por lo menos, contra Biden.  Si agregamos a ello que ahora no hay, por lo menos visiblemente, un Cambridge Analytica detrás para empujar su victoria -de Trump- la cosa está todavía más jodida para el extravagante neoyorquino.  Así, lo más probable es que haya un presidente demócrata, con un congreso demócrata y un senado, aunque republicano, pero con poco poder.  Todo eso tiene mucha relevancia por estos tropicales rumbos, a saber, que la política acá depende de los designios de por allá.

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No es ningún secreto que un sector del establishment (para volver a usar el término) político, pero también algo del económico, tiene fichas apostadas a poder poner “sus” magistrados en la Corte Suprema de Justicia y Salas de Apelaciones; algunos para poder conseguir impunidad, pero otros con el genuino interés de revertir o neutralizar la marcada tendencia que hubo bajo el imperio de Cicig, de rechazar todo lo que fuera defensa de imputados y solamente avanzar la agenda “anti corrupción” aunque eso implicara violar leyes y procedimientos, no digamos garantías constitucionales y/o derechos humanos.  Entonces, a pesar de la funesta resolución de la CC donde ha colocado el MP en una posición casi inconstitucional y ordenado al Congreso a realizar un procedimiento irregular (aunque éste y muchos de sus integrantes se han negado a acatar dicho fallo) se va a llevar a cabo una elección por parte del Congreso, pero no en los tiempos ordenados (ya llevamos 10 meses de tiempos extras, gracias a la propia CC) sino cuando los “tiempos políticos” sean favorables, en teoría, a ese grupo de políticos y/o empresarios que pretenden retomar el poder judicial.  Para ello, cuentan con que la elección se lleve a cabo cuando ya no esté la actual CC -los magistrados- en abril del otro año, para que así no exista la posibilidad de que les enmienden la plana.  

Es en este punto en donde ese grupúsculo (algunos le llaman el “pacto de corruptos”) falla en su análisis.  Para abril del otro año ya no será presidente Trump y el presidente Biden apoyará irrestrictamente a quienes acá son los opositores de ese grupúsculo: léase los oenegernos y sus poderosos líderes.  Así, desde el norte vendrán instrucciones en inglés y las esperanzas de los diputados, políticos y empresarios que pretenden que las cosas cambien se verán duramente golpeadas.  

Si el llamado “pacto de corruptos” pretende influir o si hay un movimiento legítimo para evitar que la justicia sea cooptada por la izquierda, hacen muy mal en esperar a que ya no esté esta CC, pues como se ha dicho, para entonces el balance de poder habrá cambiado en el norte.  

La política es el arte de lo posible, empezó diciendo esta nota, y así, quienes pretendan una cosa o la otra, deben hacer lo que les es posible, mientras les sea posible; los vientos no son favorables a los republicanos y mucho menos a Trump.  Si agregamos a ello que el lobby cristiano no apoya a Giammattei y a la actual nomenclatura política local, jodidos están si creen que serán protegidos o apoyados como lo hicieron con Jimmy Morales cuando se decidió no prorrogar a la extinta Cicig.  

Una cosa son las esperanzas (wishful thinking) y otra cosa es el arte de lo posible…

*Infografías de Financial Times y Wikipedia

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